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Uno puede estar pasándosela muy bien, y de pronto nos
pasa una tragedia.
De la noche a la mañana, todo nuestro mundo cambia. La
depresión es un problema que tarde o temprano vamos a
tener que enfrentar.
Y afecta a todo tipo de personas. Jóvenes, niños,
adultos, ancianos. Hombres y mujeres.
Gente que es alegre, y gente que no lo es.
Por que será?
Porque en la vida, como dice el dicho, hay de todo.
Y a los que les duele mas la caída es a los que nunca
habían tocado el suelo. Como dice la canción:
“La vida es la ruleta
En donde apostamos todos
Y a ti te había tocado nomás la de ganar
Pero hoy tu buena suerte
La espalda te ha volteado
Fallaste corazon
No vuelvas a apostar.”
La depresión de la que estamos hablando
es la depresión clínica, una depresión
severa que es clasificada actualmente como una enfermedad.
Estos son algunos de sus síntomas:
• Desanimo
• Falta de energía
• Alteración en los hábitos de dormir
• Alteración en el apetito
• Baja auto-estima
• Apatía
• Pesimismo
• Falta de concentración
• Miedo o enojo excesivo
• Cambios bruscos de comportamiento
• Descuido personal
• Ensimismamiento
• Perdida de el sentido de vivir
• La muerte parece atractiva
• Perdida de la voluntad
• Desconexión con los demás
Una de las razones mas frecuentes –y mas antiguas- por
las que se desencadena una depresión es el famoso “Mal
de amores.”
El mal de amores tiene que ver con los sentimientos, con nuestras
relaciones, en una palabra con el “corazon.”
Y este problema no solo nos afecta las emociones. Nos afecta
la mente, el cuerpo y hasta el alma.
Médicos modernos que se especializan en el corazon, nos
dicen que el factor más importante para determinar la
salud –o enfermedad e incluso riesgo de morir- es el de
la calidad de nuestras relaciones.
Dean Ornish, el famoso medico de cabecera de presidentes norteamericanos
y de famosos artistas, nos dice que nuestra facultad para establecer
relaciones positivas es el factor más importante para
la salud de nuestro corazon. Aun más importante que operaciones,
medicinas, alimentos sanos y ejercicios.
El Dr. Ornish sabe lo que dice, ya que se dedico a revisar miles
de estudios que se han hecho en este campo y con gente de todo
el mundo. Ahora lo que este Doctor recomienda es que le prestemos
atención a la manera en que nos relacionamos con otras
personas y que cultivemos nuestra capacidad de amar y expresar
nuestros sentimientos.
Para obtener mas información sobre estos estudios y las
recomendaciones de el Dr. Ornish, puedes leer su libro titulado
“Amor y sobre vivencia.”
Lo que me parece importante señalar, es que en la tradición
del “curanderismo” lo primero que se hace es un
análisis de nuestras relaciones con los demás.
Es aquí donde nos damos cuenta del bien o el mal que
llena a nuestro corazon.
La primera pregunta es:
“ERES FELIZ?”
La otra pregunta es:
“COMO TE LA LLEVAS CON TUS SERES QUERIDOS?”
Estas preguntas son clave porque nos ponen
en contacto con nuestro círculo.
Cuando vivimos un circulo de amor fuerte, donde hay luz y apoyo,
comprensión y ternura, entonces tenemos una red que nos
va a fortalecer en horas de dificultad.
Pero cuando nuestro círculo no tiene amor, cuando hay
oscuridad y odio, cuando hay envidia e hipocresía, entonces
nuestras horas de dificultad se tornan aun más dañinas.
Cuando tenemos un buen círculo de amor, entonces podemos
enfrentarnos a la depresión con más herramientas,
aun cuando la depresión sea larga y severa. Pero el trabajo
va a ser mayor cuando no tenemos un círculo de amor.
Y puede haber ocasiones en que aun nuestros seres queridos no
cuentan con las destrezas para ayudarnos y requerimos de atención
profesional (como médicos o psicólogos) y de grupos
de personas que por su experiencia pueden entendernos mejor
y ayudarnos a enfrentar nuestros retos.
De cualquier manera, es con relaciones de apoyo (bien sea familiar
o terapéuticas) que podemos enfrentarnos mejor a la depresión.
DEPRESION INTERIOR Y EXTERIOR.-
Hay dos tipos fundamentales de depresión.
La primera la llamamos “depresión interior”
y esta depende principalmente de factores internos. Estos pueden
deberse a alteraciones físicas, agotamiento, cansancio
excesivo, estrés, cambios fisiológicos (como la
menstruación, la menopausia, cambios hormonales, o senectud)
alimentación inadecuada, reacciones a drogas, accidentes
o trastornos orgánicos.
Este tipo de depresión tiene que ver con lo que esta
pasando dentro de nuestro cuerpo.
Podemos estar en un lecho de rosas, y aun así estar deprimidos.
Cuando esto sucede, generalmente se debe a una depresión
interior.
Las depresiones interiores, por deberse primordialmente a factores
físicos, pueden ser tratadas eficazmente atendiendo al
cuerpo.
Aun cuando este análisis tiene que ser hecho por expertos
en el campo de las ciencias biológicas, hay varios factores
de aplicación general que tienen un impacto positivo
en el tratamiento de depresiones interiores. Estos son:
• Aire puro
• Agua pura
• Alimentación balanceada
• Vitaminas y minerales
• Tes de hierbabuena, manzanilla, anís estrella.
Tambien se recomienda el baño con agua
templada y actividades físicas que nos hagan sudar diariamente.
Ahora sabemos que nuestro cerebro produce
diferentes tipos de “ondas cerebrales.”
Estas ondas cerebrales están asociadas con la producción
de sustancias positivas que nos elevan nuestro estado de humor
llamadas endorfinas. Y tambien con sustancias negativas que
nos agravan la depresión llamadas toxinas.
Cuando estamos en estados de tensión o ansiedad, nuestras
frecuencias cerebrales generan toxicas, mensajeros químicos
de alarma en todo nuestro organismo.
Por otro lado, cuando experimentamos quietud, calma, paz, generamos
endorfinas, que tienen el poder de elevar nuestro ánimo
y fortalecer nuestro sistema inmunológico (el sistema
que nos protege de enfermedades químicas y bacteriológicas).
El mirar la televisión de manera excesiva, nos mantiene
en una frecuencia cerebral que nos causa agotamiento mental
y que adormece nuestra facultad de generar endorfinas, las sustancias
químicas que nos ayudan a superar la depresión.
Por ello, se recomienda que veamos poca televisión para
quitarle fuerza a la depresión.
Cuando la gente medita, o reza, suele generar endorfinas. Tambien
lo hace cuando cultiva la paz –dormir a un bebe en los
brazos por ejemplo- o cuando se toma el tiempo de contemplar
la naturaleza. Esto nos saca de la prisa y la agitación
de la vida moderna, y nos pone en contacto con el ritmo natural
de la vida. Cuando nos armonizamos con este ritmo, entonces
se aquietan nuestros sentidos, y poco a poco nos acercamos al
equilibrio interior, el balance que caracteriza a una vida sana.
La otra depresión, la llamamos “depresión
exterior.”
Esta tiene que ver con el mundo de afuera, con lo que esta pasando
a nuestro alrededor.
Esta se puede deber a el emigrar de un lugar a otro, en entrar
a una nueva cultura, el lidiar con otro idioma que se conoce
poco.
Este cambio de ambientes suele afectar con mas fuerza a las
personas adultas que ya tienen su vida hecha, mientras que los
niños o los infantes, pronto desarrollan facultades para
adaptarse a el nuevo ambiente, aun cuando tambien hay niños
e infantes que padecen de depresión por cambios ambientales.
En estos casos, hay que buscar el modo de ayudarles a desarrollar
facultades que les permitan participar en el nuevo ambiente,
y encontrar actividades que les den alegria o tranquilidad.
La depresión exterior tambien puede ser desencadenada
por situaciones particulares, como la separación (divorcio,
rompimiento amoroso o muerte) o por la perdida de facultades,
destrezas, propiedades, o empleo. La depresión exterior
tambien puede deberse a cambios climatológicos, o de
intensidad de luz. La lluvia excesiva, el invierno, la nieve,
las temperaturas extremas, pueden afectar los estados emotivos
agravando la depresión.
Hay varias etapas por las que uno pasa para superar esta depresión.
La primera de ellas es la “negación.”
Esta consiste en negar o ignorar lo que nos paso.
Actuamos como si nada hubiera pasado, pensando que con ello
no nos vamos a ver afectados.
El peligro con este enfoque es que mientras mas tiempo pasa,
más se va acumulando el dolor y la amargura en nuestro
interior, hasta el dia en que la ola revienta. Y entonces entramos
en la segunda etapa: La irrupción del dolor.
Hay gente que no sabe expresar su dolor. Más fácil
le es mostrar su enojo. Y ahí van, enojados, maldiciendo
la vida. Otros, por otro lado, lo esconden, y se descargan a
escondidas, o escudados en el alcohol o las drogas. Pero estas
descargas, por no ser sanas no son duraderas. Por ello estas
personas están como atrapadas en un remolino, en donde
aun cuando sacan algo de estas emociones, nunca sanan por completo.
Es como si tuvieran una herida que aun cuando sangra no cicatriza
porque esta infectada.
Para superar esta depresión, hay que ir del enojo al
dolor, y del dolor al duelo. Para dejar el pasado atrás,
lo que tenemos que hacer en este caso es mirarlo de frente.
Hay momentos en nuestra vida que no podemos enfrentar algo que
paso. De hecho no podemos hablar de ello. Tratamos, pero nos
ganan los sentimientos. Estamos pues ahogados con este dolor.
Con apoyo y con esfuerzo, vamos sacando estas palabras, ya no
a escondidas o con el alcohol, sino con otra persona y sobriamente,
y poco a poco el agua estancada va saliendo. Nos vamos desahogando.
Solo entonces podemos volver a respirar profundamente, y así
como cuando nacimos respiramos por primera vez, ahora después
del desahogo volvemos a vivir. Es como nacer por segunda vez.
Y es que la depresión es una especie de muerte. Nos aleja
de la vida. Estamos aquí, pero no estamos completos.
Nuestro cuerpo aquí esta, pero donde esta nuestro corazon?
Donde esta nuestro pensamiento? Donde esta pues nuestra alma?
“Hay muertos que no hacen ruido llorona
Y es mas largo su penar.”
Eso nos dice una canción popular, la canción de
la llorona.
Y así estamos en la depresión. Como muertos que
no hacen ruido, pero que están viviendo un largo penar.
Y hay momentos en que uno prefiere la muerte misma a seguir
en ese sufrimiento. Y no es que uno quiera morir, lo que uno
quiere es que termine de una vez ese sufrimiento.
Es entonces que en casos extremos de depresión, entra
la idea de quitarse la vida, la idea del suicidio.
Cuando surgen estas ideas, es el momento de buscar ayuda profesional.
Un consejo.
Cuando notes a una persona conocida deprimida, no temas hacer
la siguiente pregunta:
“Haz tenido ideas suicidas?” o bien “has pensado
quitarte la vida?”
Mas vale una pregunta a tiempo, que un duelo a destiempo.
Si la respuesta es positiva, entonces hay que acudir a un profesional,
este puede ser un medico, un psicólogo, o un consejero.
Estas son personas entrenadas en este campo, y que pueden tomar
acciones para intervenir y prevenir dentro de lo posible un
suicidio.
La persona deprimida, se beneficia de la compañía,
del apoyo, del amor incondicional.
El sentido del tiempo se pierde, y parece que ese malestar va
a durar por el resto de su vida. Es un pesimismo sin fin. Y
ahí, poco a poco, la solidaridad de los demás,
va entrando como un tenue rayo de luz.
Y es que la depresión clínica es una enfermedad.
Cuando te agarra te agarra, y aun cuando uno quiera salir de
ella no sale. Hay momentos en que querer no es poder. Ese momento
se llama depresión. Y uno no tiene otra que vivir con
ella, hasta que esta se va.
Un poeta nos dice hablando de la depresión:
“la negra noche
Tendió su manto
Surgió la niebla
Murió la luz.”
Y eso es lo que se siente con la depresión.
Los mismos santos la han llamado “La larga negra noche
del alma.”
Y es que así se siente, como una oscuridad del alma,
como un frío que congela nuestros sentimientos. No es
una parálisis del cuerpo (aun cuando hay tipos de depresión
“catatonica” donde la gente afligida si se paraliza
físicamente): es una parálisis de nuestro ánimo.
Queremos reír, pero no podemos. Nuestro animo nomás
no deja el suelo. Estamos como dice nuestra gente “en
la lona.” Noqueados. Y así los días pasan
y nomás no podemos responder a ellos. El sol sale pero
no nos llega su resplandor.
En estos casos se trata de aguantar, de seguir vivos aunque
nos sintamos muertos y de implementar medidas sanas, aun cuando
no veamos resultados inmediatos.
Hacer el bien, aun cuando no nos sintamos bien.
Al final, cuando uno dice, “voy a vivir, acepto que esta
depresión pueda estar conmigo de por vida” ese
dia dejamos de pelear con esta situación, y nuestra energía
vuelve a seguir la luz. Ya no desperdiciamos nuestras emociones.
Nuestra aceptación nos fortalece y dejamos de centrarnos
en nosotros mismos. Miramos a la gente a nuestro alrededor,
y por un momento nos olvidamos de nosotros mismos. Y cuando
nos olvidamos de nosotros mismos por el amor a los semejantes,
entonces ya no sabemos si estamos deprimidos o no, y ni nos
importa. Y así, vamos emergiendo a la vida, pero con
más compasión, con más apreciación,
y con más humildad. Porque venimos de los muertos valoramos
más la vida, y porque hemos estado en la lona, ya no
juzgamos a los demás. De hecho, somos mejores, precisamente
porque hemos vivido la depresión, y porque hemos estado
en ella, no vacilamos en estirar nuestra mano a nuestros semejantes.
Entonces, con el mismo poeta que nos hablo de la depresión
podemos decir:
“Y en las tinieblas
De mi alma triste
Como una estrella
Brotaste tú.
Ven ilumina
La humilde senda
En donde brota
Clara ilusión.
En mi camino
Ya no hay tinieblas
Ya no hay tinieblas
Ya salio el sol.”
Y que salga el sol para todos, les desea
de todo corazon su amigo
Roberto Dansie

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