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Todo ser humano, para actualizar el mundo de sus potencialidades,
tiene que encontrar lo que los antiguos Mexicanos llamaron “un
camino con corazón.” Y esta era la labor fundamental
de quienes fungían como maestros en el crecimiento del
potencial humano: ayudar a cada persona a descubrir su rostro
y hacer un camino con corazón. En el códice Florentino
leemos lo que se decía de estos psicólogos ancestrales:
“El Tlamaltini, ayuda a otros a escuchar su corazón,
les habla teniendo a Dios en su corazón. Ilumina su camino,
les hace descubrir su rostro y encontrar su camino.”
Y esta es la función de todo psicoterapeuta en el mundo
moderno: seguir un camino con corazón y ayudar a otros
a encontrar el suyo. Aunado a esto, toda psicología que
responda a la necesidad de integración del ser humano
tiene que movilizar el poder transformador de la esperanza.
Para hacerlo tenemos que trabajar en cuatro aspectos cruciales,
lo que he llamado "Las cuatro C":
Consciencia
Conducta
Cultura y
Comunidad.
Y esta ha sido la gran limitante de las corrientes psicológicas
que hemos tenido hasta ahora: ninguna de ellas ha podido integrar
estos campos aun cuando cada una de ellas ha hecho contribuciones
a cada uno de ellos.
Afortunadamente, ahora estamos en condiciones de generar una
psicología integral –la psicología de la
esperanza- en donde trabajamos con cada una de estas áreas.
De estos cuatro elementos –consciencia, conducta, cultura
y comunidad- dos son internos (subjetivos) y dos de ellos son
externos (objetivos), lo que ha llevado a nuestros colegas a
agarrarse de la greña, sin reparar en que están
hablando de dos lados de la misma moneda. Y créemelo
que uno puede pasar toda una vida en este error, que suele plagar
a los psicólogos. Recuerdo el estrago que causo conmigo
y mis compañeros, que nos dividíamos en campos,
mirando a los otros como herejes, y dándonos a campañas
de monopolización y desacreditacion. De hecho, estas
perspectivas se convertían en ideologías y adquirían
un carácter de oposición política que impactaba
las materias que tomábamos, algo que semejaba las cruzadas
medievales.
Con el paso de los años -y recordemos que sabe mas el
diablo por viejo que por diablo- me he dado cuenta que todos
estos campos estaban haciendo sus contribuciones. El error estribaba
en no aprobar el campo y la metodología utilizada por
otras orientaciones, de ahí que unos hayan caído
en el subjetivismo mientras que otros caían en el materialismo.
Lo que hacia falta era una visión integral que nos hiciera
reparar en el hecho de que ninguno de estos campos es reducible
a otro. El error estribaba en tornar un modelo relativo, en
"absoluto" que, como tal, entraría en conflicto
con metodologías que abordaban otras dimensiones del
ser humano.
Pues bien. De acuerdo a este modelo integral, me he encontrado
que los enfoques subjetivos son el de la conciencia y el de
la cultura, y que los enfoques objetivos son el de la conducta
y la comunidad. Y que hay una división más que
es preciso integrar: el plano individual y el plano colectivo.
En el plano individual estarían la conciencia y la conducta,
y en el colectivo la cultura y la comunidad. Una psicología
de la esperanza es aquella que tiene un poder transformador
no solo para el individuo sino también para la comunidad.
Aplica lo que los antiguos mayas llamaban “im la quech”,
que quiere decir “tú eres mi otro yo” y que
los antiguos Mexicanos retomaron con la palabra “cuate”:
un “yo” que no encuentra su camino hacia un “nosotros”
todavía tiene mucho por crecer. Las relaciones de horizontalidad,
respeto y lealtad, las encontramos con el concepto cultural
de "cuate". Aquí están los “Cuates”
en el periodo pre-hispánico y los “Guadalupes”
en los periodos de la Independencia y la Revolución.
En la psicología de nuestro pueblo, el opuesto al “cuate”
es el “gacho.” El “Gacho” surge antes
de la llegada de los Españoles, se expande con los Conquistadores,
y se preserva con los que siguen esta actitud de egocentrismo
y opresión, aquellos que se caracterizan por relaciones
de verticalidad y opresión.
El cuate y el gacho no solo se diferencian por su manera de
ser. Tambien se diferencian por su manera de relacionarse con
los demás.
Un cuate trata a otro parejo, es decir, poniéndose en
el mismo plano: Es cuate.
Un gacho trata al otro -principalmente al oprimido- no como
su igual,
sino como quien es menos. El gacho se coloca arriba y pone al
otro abajo.
El cuate ve en el otro a su gemelo: su otro-yo.
El gacho ve en el otro a su diferencia: su no-yo.
El cuate mira al otro frente a frente; el gacho ve al otro de
arriba a abajo.
El cuate ve en el otro la continuación de su propia vida;
el gacho ve en el otro la interrupción de su vida.
El cuate establece un dialogo horizontal con el otro.
El gacho impone un monologo.
El cuate habla; el gacho ordena.
El cuate atiende y oye; el gacho es sordo y ningunea a los demás.
El cuate es generoso con su tesoro interior.
El gacho vive la Filosofía del despojo y es avaro de
corazón.
El cuate ve en el otro a su hermano; el gacho ve en el otro
a un ser inferior.
He aquí los principios seguidos por
el “cuate”:
No sentir por mi, sino sentir conmigo.
No sentir tristeza por mí, sino sentirte triste con mi
tristeza.
No sentir pena por mí, sino sentirte apenado con mi pena.
No sentir sufrimiento por mí, sino sufrir conmigo;
Eso es ser cuate.
El participar de tu corazón con mi corazón,
El vibrar con el mismo tono,
El sentir conmigo es estar conmigo.
Entonces ya no estoy solo,
Entonces ya no es mi tristeza, sino nuestra tristeza,
Ya no es mi sufrimiento sino nuestro sufrimiento,
Tu corazón ventana sobre la que se asoma mi corazón.
Cuando estas ahí frente a mi
Y tu corazón responde a mi corazón,
Entonces nos sostiene la igualdad:
Ni tú arriba, ni yo abajo,
Ni tu abajo ni yo arriba.
Frente a frente, cara a cara,
Corazón a corazón: Esa es la voz de la compasión.
Eso es ser cuate.
Este camino de transformación, lo encontramos
en el simbolismo de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, en
donde vamos de la conciencia individual, a la conciencia grupal,
social y cósmica, elevación que encuentra su manifestación
en una compasión que crece del plano individual a una
dimensión universal. Nuestros antepasados desarrollaron
una psicología personal y transpersonal, que tenia que
ver con el individuo y su comunidad. Por siglos, los estudiosos
de la psicología en América Latina, aprendimos
los modelos europeos, y la mitología Greco-romana, pero
nos desentendimos de nuestras raíces indígenas
y de su sabiduría psicológica. El encuentro con
esta parte esencial de nuestro ser psíquico nos provee
de elementos conceptuales para la integración y liberación
de nuestra consciencia y nuestra comunidad. El estudio psicológico
de nuestras raíces tiene el poder de ayudarnos a ser
quienes somos asumiendo la porción oculta y oprimida
de nuestro ser. Y es así como llegamos a la parte que
me parece más fascinante. Este estudio sobre los retos
que enfrentamos actualmente -así como las soluciones
tentativas que estamos encontrando- nos ponen en contacto con
nuestra identidad cultural y la sabiduría de nuestros
antepasados. Lo que estamos descubriendo en el mundo objetivo,
nos esta poniendo en contacto con nuestro mundo interior, con
el pasado vivo de nuestras raíces. Este proceso es pues
también un re-descubrimiento.
De acuerdo a las enseñanzas del curanderismo y la sabiduría
popular del pueblo Mexicano hay cuatro niveles fundamentales
de consciencia desde los cuales nos relacionamos con el mundo.
El primer nivel es el de la MASCARA.
La mascara tiene que ver con la protección del mundo
social y de todos los ataques a la intimidad, que, cuando estudiamos
nuestra historia nos demuestra que hay que estar protegidos.
Hay que conocer el mundo exterior y con quien estamos antes
de revelar nuestro mundo interior.
Y como dice el dicho, “mas vale malo por conocido que
bueno por conocer”, es decir, mas nos vale preservar nuestra
intimidad solo para aquellos que no nos van a causar ningún
daño.
El segundo nivel es el de la CARA.
Aquí ya empezamos con el proceso de desenmascararnos.
Empezamos a mostrar la parte interior de nuestro ser. Y que
tristeza para aquel que no tiene con quien quitarse la mascara.
Porque no tiene en quien confiar, y por consiguiente, no tiene
con quien mirar su cara. Y porque no tiene con quien mostrar
su cara todo su contacto social se limita a la superficie y
a la apariencia. Es un ser sin confianza en otros, y por ende,
sin relaciones profundas de intimidad. Podemos decir que en
lugar de ser una persona intima, es una persona INTIMIDANTE.
Para los otros no tiene cara.
La gente puede tratar de desenmascararlo, pero si este persiste
en no revelar su cara, entonces no hay nadie ahí. Es
un vació.
“No te conozco” pueden decirle las otras personas,
y con cierta razón.
Personas sin cara.
Y una persona sin cara no tiene amigos, no tiene relaciones
informales ni estrechas. Podemos decir que no tiene “humanidad”.
Peligro. Eso es lo que es para los demás.
Es una especie de fantasma, ya que el fantasma no tiene cuerpo,
mientras que esta persona, aun con cuerpo no tiene realidad.
Es –como el fantasma- una mera “aparición.”
No tiene sustancia, aun cuando tiene corporeidad.
El tercer nivel, es el que esta por debajo de la cara. Esta
área energética es conocida como ANIMA.
El ánima es la vida psíquica y emotiva de la persona
que bien puede estar integrada a la consciencia individual,
o bien, puede estar cubierta por la oscuridad de la inconsciencia.
El anima esta ahí, pero el individuo no la ve. La puede
sentir, pero el sentimiento no le llega a la conciencia. El
sentimiento le es inconsciente. Es la ceguera ante si mismo.Y
en tanto permanezca en la oscuridad, esta parte del ser –el
anima- sufre, ya que en su profundidad, esta parte es luz, pero
es luz aprisionada, energía estancada. Como una flama
humea, pero la falta de oxigeno, la lleva a saturar su entorno
de humo, haciendo la luz tenue, y el AIRE PESADO. Esta parte
del ser, de persistir en una oscuridad cada vez más grande
y fuerte, puede tornar sofocante el aire de la persona. La gente
puede intoxicarse con la congestión energética
del ánima. Y, de ser así, es un ánima en
pena. Entonces la persona necesita una LIMPIA, es decir, un
procedimiento mediante el cual pueda sacar el aire humeante
estancado, lo cual da más vitalidad a la LUZ INTERIOR.
El remedio temporal de la limpia solo se convierte en permanente
cuando esta luz vivificada del ánima llega a la consciencia
y como tal pierde su oscuridad, su sombra, y como anima liberada
retorna a su estadio luminoso natural de ALMA.
Esto nos lleva al cuarto estadio, el estadio
del ALMA.
El alma es nuestra luz mas profunda, que cuando emerge a la
conciencia nos da nuestro ROSTRO.
Este es un ser que ha juntado su corazón con su conciencia,
lo que los antiguos Mexicanos llamaban “in ixtli in yoyotl”
(rostro y corazón).
Este es un ser que ha ido de la mascara, a la cara, y de la
cara al anima, y del anima al alma o rostro.
Esos son los cuatro pasos.
Mascara
Cara
Anima
Rostro
Y como tal, su conciencia ha ido del mundo de la objetividad
y el cambio, al mundo de la espiritualidad y la esencia verdadera
de aquello que viene, esta y retornara a la divinidad. La luz
eterna, el Tonatiuh de nuestros antepasados que nos recuerdan
que nosotros somos “el pueblo del sol.”
Y mientras mas esa flama del alma se acerca al sol interior
que es el Espíritu de Dios –como nos enseño
Santa Teresa de Ávila en su obra el Castillo interior,
que para ella tiene siete mansiones, y en la séptima
nos fundimos con el sol interior- tanto mas esa alma quema sus
bajezas (el ego) dejando solo aquello que es consubstancial
a la fuerza creadora de la cual viene toda alma: el Yo verdadero,
o Quetzal. Este es el ascenso de nuestro ser interior, el mismo
que nos ha sido legado en nuestro arquetipo cultural de Quetzalcoatl,
la serpiente emplumada.
De acuerdo a los antiguos Mexicanos, hay cuatro elementos claves
para nuestro bienestar y para seguir un camino con corazón.
El equilibrio de estos elementos nos trae el “bien estar”
psicológico, en tanto su desequilibro nos causa “malestar.”
1.- LA TIERRA. -
TLAN en el idioma de los Antiguos Mexicanos (Nahuatl) quiere
decir “Tierra o región.”
El primer elemento de la vida consiste en saber “de donde
somos” y de “donde venimos.” En una palabra,
nuestras raíces.
Aquí hay que recordar que nuestros antepasados Vivian
en la región de Anahuac que llegaba desde MICHI-TLAN
(la región de el pescado MICHI y que otras gentes le
llamaron Michigan) hasta NIC-ANAHUAC, (donde la palabra Mexicana
“nic” quiere decir “aquí termina”).
Y efectivamente, ahí terminaba el Anahuac, el lugar que
hoy conocemos como Nicaragua.
Cuando escarbamos estas tierras, nos encontramos una y otra
vez con indicios de nuestros antepasados.
Por ello nosotros estamos en nuestra tierra. De aquí
somos, desde el norte hasta el sur.
MEXI EL CAMINO DEL AGUILA.-
Unos de nuestros antepasados dejaron su región original,
que se llamaba “lugar de las garzas”. Garza en Mexicano
antiguo se dice AZT y ya sabemos como se dice “región”
(TLAN). Su lugar de origen se llamaba pues AZTLAN y ellos se
denominaban como AZTECAS.
Cuando migraron, dijeron que ahora se enfocarían no solo
en ser de un lugar sino en seguir al “Gran Espíritu”,
aquel que esta en el cielo, la tierra y todo lugar, “Tloque
Nahuaque”, que quiere decir, “el de cerca y de junto.”
El gran espíritu en su Idioma se decía MEXI. Y
aquel que siguiera al Gran Espíritu se le llamaría
MEXICA, que quiere decir “aquel que sigue a Dios.”
Este es el sueño Americano original. En seguir la voluntad
de Dios.
MEXICA es todo aquel que sigue el llamado de su corazón
y quien hace camino con este corazón. Y este llamado
es una VOZ.
Vocación quiere decir precisamente LA VOZ INTERIOR.
Esta voz es la misma voz que habla en toda la creación.
Los Antiguos Mexicanos le llamaban NAHUATL, que quiere decir
“LA VOZ DE DIOS” y como nos dice el lema de la Universidad
de México “por mi raza hablará el espíritu.”
Y como consta en el libro sagrado de nuestros antepasados, el
“Toltecayotl”, el buen terapeuta es aquel que nos
ayuda a escuchar y seguir la voz de nuestro corazón.
EDUCACION.-
La palabra “educación” quiere decir “sacar
lo que vive en nuestro interior.” Es decir, descubrir
nuestra voz interior y seguirla. Hacer realidad esta voz en
nuestra vida, llegar a ser en el mundo lo que somos en nuestro
interior.
Cuando seguimos nuestra voz interior, descubrimos para que SERVIMOS
en este mundo. Y como dice el dicho:
Si no vives para servir, no sirves para vivir.
El maestro y los padres de familia son quienes nos ayudan a
escuchar nuestra voz interior, nuestra vocación, a descubrir
nuestros talentos y el servicio que podemos ofrecerle al mundo.
Los antiguos Mexicanos tenían un conocimiento profundo
sobre la relación de los seres humanos para con la tierra,
por ello la llamaban “nuestra madre.”
Cuando estamos en armonía con la tierra, decimos que
tenemos madre. La condición del ser humano moderno, es
la perdida de contacto con su madre tierra, el ser un tipo sin
madre, o como decían nuestros antepasados, son un “des-madre.”
Y esta es la batalla esencial de nuestros tiempos. Por un lado
los terrestres, los protectores de la tierra. Y por el otro
los “anti-terrestres”, aquellos que por inconsciencia
o dureza de corazón destruyen a la madre tierra.
2.- EL AGUA.-
ATL es como los Antiguos Mexicanos llamaban al agua. La región
del agua se dice ATL-TLAN.
Y en un sentido físico, todos venimos del agua. Los elementos
básicos de la vida surgieron en el Mar, y todos nosotros
antes de entrar al mundo del AIRE nos movemos en el mundo del
agua en el vientre de nuestra madre. El agua es nuestra primera
región. Todos venimos de “ATLAN” y en ese
sentido todos somos ATLANTES.
El desarrollo temprano, el periodo en el que estamos en el agua
tiene consecuencias por el resto de nuestra vida. Ahora sabemos
que ya para el tercer mes después de la concepción,
nuestro cerebro cuenta con 3 billones de células. Estas
ya no se van a reproducir, y con ellas nos la vamos a tener
de averiguar por el resto de nuestra vida.
Por ello, la atención adecuada durante los meses del
embarazo es tan importante.
Los Mexicas (es decir, los Antiguos Mexicanos) tenían
por costumbre usar una cinta negra sobre el vientre durante
los primeros meses de el embarazo, cuando todavía no
era aparente que la mujer estaba embarazada. La misma Virgen
de Guadalupe lleva sobre el vientre... ¡una cinta negra!
Que quiere decir precisamente que está embarazada. Y
por ello, hasta el día de hoy solemos decir de una mujer
que está embarazada “¡está ENCINTA!
Y este símbolo, la cinta negra, se usaba para hacer saber
a los demás que ahí iba un bebecito, y que todos
tenían que evitar el generar emociones negativas. Sabido
es por todas las mujeres que han vivido el embarazo que durante
este periodo crítico sus emociones son transformadas
y que se tornan mucho mas susceptibles a el ambiente. Solo por
este periodo hay DOS CORAZONES latiendo en un mismo cuerpo.
Y tambien hay comunión de sentimientos. El bebé
recibe la energía del ambiente y es capaz de reconocer
sonidos y hasta canciones cuando sale al mundo exterior.
Pero nosotros no solo tenemos la facultad de vivir en el agua.
Estamos formados por tres cuartas partes de líquidos.
Exactamente como la tierra.
El camino del bien-estar consiste en buscar el famoso equilibrio
de los elementos de la vida.
El equilibrio con ATL, el agua, consiste en sacarnos el agua
que tenemos de más. Es decir, quitarnos el AHOGO. Y es
que a veces estamos ahogados. Cada que nos guardamos los sentimientos,
cada que reprimimos nuestro sufrimiento, lo que estamos haciendo
es ACUMULAR AGUA EN NUESTRO INTERIOR.
Y hay una ley energética que nos dice:
DONDE HAY EXCESO DE AGUA NO ENTRA EL AIRE.
Y sin aire ¿Como puede haber inspiración?
Por ello, donde hay ahogo tenemos que buscar el DES-AHOGO.
Y esto es importante no solo para las mujeres, sino tambien
para los hombres.
El des-ahogo es para TODOS. Es el medio natural para eliminar
la tensión y algo de nuestro sufrimiento.
Después de una buena desahogada podemos respirar más
a gusto.
Y es así que llegamos al tercer factor: El aire.
3. EL AIRE. –
Cuando salimos del agua sentimos que nos vamos a morir. Y es
en ese momento, cuando sentimos que hemos llegado hasta el fin
de nuestro camino que se nos abre una nueva puerta. El desahogo
nos trae al mundo del aire.
Y así empieza nuestra vida en el mundo del aire. Con
un acto de INSPIRACION.
La gente que respira con mayor profundidad y calma es la que
tiene su sistema nervioso mas lleno de PAZ.
Es precisamente con el manejo del aire que llegamos a dominar
la ciencia más importante para lidiar con los problemas
de la vida. Me estoy refiriendo a la “ciencia de la paz”
mejor conocida como PAZ-CIENCIA.
Basta observar como respiramos cuando estamos relajados y como
respiramos cuando estamos tensos. ¡Cuanta Diferencia!
Para los Mexicas, el símbolo de los maestros de curación
era precisamente ¡EL AIRE!
Y este aire se relacionaba con el oriente, que es precisamente
el lugar de donde sale el sol.
Es en el Oriente, durante el amanecer -la interacción
de el sol con la naturaleza- que encontramos el aire mas puro.
Y el empezar el día, respirando profundamente mirando
al sol naciente, nos ayuda a tener una dosis extra de paz para
enfrentar el resto del dia. No de balde dice el dicho:
El que madruga, Dios le ayuda.
El aire nos genera un espacio emocional y
mental. Las tensiones aun cuando nos lleguen no nos van a saturar.
Pero si no tenemos aire, reventamos con cualquier presión.
Nomás basta mirar a nuestro alrededor para diferenciar
a aquellos que tienen “buen aire” y aquellos que
no lo tienen.
¡Los que no lo tienen de todo respingan!
Pero los que si lo tienen se caracterizan por su entusiasmo
y por su buena disposición.
En el mundo, tarde o temprano todos tenemos problemas. Lo que
nos diferencia es la manera en que los enfrentamos.
Quien no tiene buen aire empeora su problema.
Quien tiene buen aire busca mejorarlo.
EL AIRE Y LA SANGRE. –
Nuestros antiguos CURANDEROS nos han dicho que el aire afecta
la constitución de nuestra SANGRE.
De acuerdo al modelo del curanderismo, aquellos que purifican
su cuerpo y su conciencia, los que cultivan la PAZ-CIENCIA tienen
buen aire en la sangre, a la que llaman SANGRE LIVIANA.
Cuando la gente pierde el buen aire, pierde vida y se queda
SIN AIRE. Sufre pues de un DES-AIRE.
Ya no tiene ÁNIMO, porque el ánimo quiere decir
vida y movimiento. Y la falta de aire les pone la SANGRE PESADA.
Si el desánimo persiste por un tiempo prolongado la sangre
se pone peor, lo que es conocido como MALA SANGRE.
Y el persistir con mala sangre lleva a la gente a contaminar
a otros de su NEGATIVIDAD ENERGETICA por lo que se les llama...
¡SANGRONES!
Nosotros bien sentimos cuando estamos en la presencia de personas
de éstas características. Nomás hay que
escuchar a nuestra voz interior. Es esta voz la que nos dice
que tipo de energía transmite la gente que encontramos
en nuestro camino.
Todos estamos llamados por la vida a ser seres de sangre liviana.
Mientras hay vida, hay esperanza: aun el peor sangron, de proponérselo
y trabajar en si mismo, puede llegar a general sangre liviana.
Esta es la psicología de la esperanza de nuestros antepasados.
4. EL FUEGO. –
El fuego es el cuarto elemento.
El fuego es la ENERGIA de la vida.
El SOL es nuestra fuente principal de energía y no es
por casualidad que tenemos el termino PLEXO SOLAR. Ahí,
en el plexo SOLAR se concentra nuestra energía.
Nuestra energía se convierte en un sol de vida cuando
hacemos cosas DE TODO CORAZON.
Y nuestra energía se pierde cuando hacemos cosas sin
corazón.
Pero cuando hacemos cosas de corazón somos cada vez MÁS.
Y esa es la diferencia fundamental en las personas. Los que
están viviendo y los que están muriendo.
Lo que hacemos de todo corazón hace crecer nuestra energía
porque nos pone en armonía con la energía universal,
que es la energía que hace crecer a toda la vida a nuestro
alrededor. Esta armonía entre nosotros y la energía
universal fue llamada por los antiguos Mexicanos EL VUELO DEL
AGUILA. Y es que así podemos ser. Como el águila
que conoce bien el aire y vuela sin esfuerzo en él.
Pero para volar hay que extender nuestras alas.
Que afortunados somos cuando estamos con personas que NOS DAN
ALAS.
Y esa es la labor principal de los padres y los maestros. El
dar alas a sus niños.
Y es que nuestros niños YA VIENEN CON ALAS y nuestro
primer deber es NO CORTARZELAS. ¡Hay que ayudarlos a volar!
Nuestro fuego interior es la energía que nos permite
volar.
Si estamos en paz con nosotros mismos, entonces vamos a compartir
nuestra luz interior con nuestros niños. Vamos a darles
nuestro buen aire, nuestra sangre liviana, nuestro brillo. Pero
si no los estamos, entonces les vamos a dar nuestro mal aire,
nuestra mala sangre, nuestra oscuridad: DAMOS LO QUE SOMOS.
Por tu BIEN-ESTAR, y por el bien-estar de los que te rodean,
espero que cultives el equilibrio de los cuatro elementos de
la vida, que saques tus alas, que emprendas el vuelo del águila,
y que te conviertas en un verdadero sol para este mundo.

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