PSICOLOGIA DE LA ESPERANZA
Por Roberto Dansie

Todo ser humano, para actualizar el mundo de sus potencialidades, tiene que encontrar lo que los antiguos Mexicanos llamaron “un camino con corazón.” Y esta era la labor fundamental de quienes fungían como maestros en el crecimiento del potencial humano: ayudar a cada persona a descubrir su rostro y hacer un camino con corazón. En el códice Florentino leemos lo que se decía de estos psicólogos ancestrales:
“El Tlamaltini, ayuda a otros a escuchar su corazón, les habla teniendo a Dios en su corazón. Ilumina su camino, les hace descubrir su rostro y encontrar su camino.”
Y esta es la función de todo psicoterapeuta en el mundo moderno: seguir un camino con corazón y ayudar a otros a encontrar el suyo. Aunado a esto, toda psicología que responda a la necesidad de integración del ser humano tiene que movilizar el poder transformador de la esperanza. Para hacerlo tenemos que trabajar en cuatro aspectos cruciales, lo que he llamado "Las cuatro C":
Consciencia
Conducta
Cultura y
Comunidad.
Y esta ha sido la gran limitante de las corrientes psicológicas que hemos tenido hasta ahora: ninguna de ellas ha podido integrar estos campos aun cuando cada una de ellas ha hecho contribuciones a cada uno de ellos.
Afortunadamente, ahora estamos en condiciones de generar una psicología integral –la psicología de la esperanza- en donde trabajamos con cada una de estas áreas.
De estos cuatro elementos –consciencia, conducta, cultura y comunidad- dos son internos (subjetivos) y dos de ellos son externos (objetivos), lo que ha llevado a nuestros colegas a agarrarse de la greña, sin reparar en que están hablando de dos lados de la misma moneda. Y créemelo que uno puede pasar toda una vida en este error, que suele plagar a los psicólogos. Recuerdo el estrago que causo conmigo y mis compañeros, que nos dividíamos en campos, mirando a los otros como herejes, y dándonos a campañas de monopolización y desacreditacion. De hecho, estas perspectivas se convertían en ideologías y adquirían un carácter de oposición política que impactaba las materias que tomábamos, algo que semejaba las cruzadas medievales.
Con el paso de los años -y recordemos que sabe mas el diablo por viejo que por diablo- me he dado cuenta que todos estos campos estaban haciendo sus contribuciones. El error estribaba en no aprobar el campo y la metodología utilizada por otras orientaciones, de ahí que unos hayan caído en el subjetivismo mientras que otros caían en el materialismo. Lo que hacia falta era una visión integral que nos hiciera reparar en el hecho de que ninguno de estos campos es reducible a otro. El error estribaba en tornar un modelo relativo, en "absoluto" que, como tal, entraría en conflicto con metodologías que abordaban otras dimensiones del ser humano.
Pues bien. De acuerdo a este modelo integral, me he encontrado que los enfoques subjetivos son el de la conciencia y el de la cultura, y que los enfoques objetivos son el de la conducta y la comunidad. Y que hay una división más que es preciso integrar: el plano individual y el plano colectivo.
En el plano individual estarían la conciencia y la conducta, y en el colectivo la cultura y la comunidad. Una psicología de la esperanza es aquella que tiene un poder transformador no solo para el individuo sino también para la comunidad. Aplica lo que los antiguos mayas llamaban “im la quech”, que quiere decir “tú eres mi otro yo” y que los antiguos Mexicanos retomaron con la palabra “cuate”: un “yo” que no encuentra su camino hacia un “nosotros” todavía tiene mucho por crecer. Las relaciones de horizontalidad, respeto y lealtad, las encontramos con el concepto cultural de "cuate". Aquí están los “Cuates” en el periodo pre-hispánico y los “Guadalupes” en los periodos de la Independencia y la Revolución.
En la psicología de nuestro pueblo, el opuesto al “cuate” es el “gacho.” El “Gacho” surge antes de la llegada de los Españoles, se expande con los Conquistadores, y se preserva con los que siguen esta actitud de egocentrismo y opresión, aquellos que se caracterizan por relaciones de verticalidad y opresión.
El cuate y el gacho no solo se diferencian por su manera de ser. Tambien se diferencian por su manera de relacionarse con los demás.
Un cuate trata a otro parejo, es decir, poniéndose en el mismo plano: Es cuate.
Un gacho trata al otro -principalmente al oprimido- no como su igual,
sino como quien es menos. El gacho se coloca arriba y pone al otro abajo.
El cuate ve en el otro a su gemelo: su otro-yo.
El gacho ve en el otro a su diferencia: su no-yo.
El cuate mira al otro frente a frente; el gacho ve al otro de arriba a abajo.
El cuate ve en el otro la continuación de su propia vida; el gacho ve en el otro la interrupción de su vida.
El cuate establece un dialogo horizontal con el otro.
El gacho impone un monologo.
El cuate habla; el gacho ordena.
El cuate atiende y oye; el gacho es sordo y ningunea a los demás.
El cuate es generoso con su tesoro interior.
El gacho vive la Filosofía del despojo y es avaro de corazón.
El cuate ve en el otro a su hermano; el gacho ve en el otro a un ser inferior.

He aquí los principios seguidos por el “cuate”:

No sentir por mi, sino sentir conmigo.
No sentir tristeza por mí, sino sentirte triste con mi tristeza.
No sentir pena por mí, sino sentirte apenado con mi pena.
No sentir sufrimiento por mí, sino sufrir conmigo;
Eso es ser cuate.
El participar de tu corazón con mi corazón,
El vibrar con el mismo tono,
El sentir conmigo es estar conmigo.
Entonces ya no estoy solo,
Entonces ya no es mi tristeza, sino nuestra tristeza,
Ya no es mi sufrimiento sino nuestro sufrimiento,
Tu corazón ventana sobre la que se asoma mi corazón.
Cuando estas ahí frente a mi
Y tu corazón responde a mi corazón,
Entonces nos sostiene la igualdad:
Ni tú arriba, ni yo abajo,
Ni tu abajo ni yo arriba.
Frente a frente, cara a cara,
Corazón a corazón: Esa es la voz de la compasión.
Eso es ser cuate.

Este camino de transformación, lo encontramos en el simbolismo de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, en donde vamos de la conciencia individual, a la conciencia grupal, social y cósmica, elevación que encuentra su manifestación en una compasión que crece del plano individual a una dimensión universal. Nuestros antepasados desarrollaron una psicología personal y transpersonal, que tenia que ver con el individuo y su comunidad. Por siglos, los estudiosos de la psicología en América Latina, aprendimos los modelos europeos, y la mitología Greco-romana, pero nos desentendimos de nuestras raíces indígenas y de su sabiduría psicológica. El encuentro con esta parte esencial de nuestro ser psíquico nos provee de elementos conceptuales para la integración y liberación de nuestra consciencia y nuestra comunidad. El estudio psicológico de nuestras raíces tiene el poder de ayudarnos a ser quienes somos asumiendo la porción oculta y oprimida de nuestro ser. Y es así como llegamos a la parte que me parece más fascinante. Este estudio sobre los retos que enfrentamos actualmente -así como las soluciones tentativas que estamos encontrando- nos ponen en contacto con nuestra identidad cultural y la sabiduría de nuestros antepasados. Lo que estamos descubriendo en el mundo objetivo, nos esta poniendo en contacto con nuestro mundo interior, con el pasado vivo de nuestras raíces. Este proceso es pues también un re-descubrimiento.
De acuerdo a las enseñanzas del curanderismo y la sabiduría popular del pueblo Mexicano hay cuatro niveles fundamentales de consciencia desde los cuales nos relacionamos con el mundo.
El primer nivel es el de la MASCARA.
La mascara tiene que ver con la protección del mundo social y de todos los ataques a la intimidad, que, cuando estudiamos nuestra historia nos demuestra que hay que estar protegidos. Hay que conocer el mundo exterior y con quien estamos antes de revelar nuestro mundo interior.
Y como dice el dicho, “mas vale malo por conocido que bueno por conocer”, es decir, mas nos vale preservar nuestra intimidad solo para aquellos que no nos van a causar ningún daño.
El segundo nivel es el de la CARA.
Aquí ya empezamos con el proceso de desenmascararnos. Empezamos a mostrar la parte interior de nuestro ser. Y que tristeza para aquel que no tiene con quien quitarse la mascara. Porque no tiene en quien confiar, y por consiguiente, no tiene con quien mirar su cara. Y porque no tiene con quien mostrar su cara todo su contacto social se limita a la superficie y a la apariencia. Es un ser sin confianza en otros, y por ende, sin relaciones profundas de intimidad. Podemos decir que en lugar de ser una persona intima, es una persona INTIMIDANTE. Para los otros no tiene cara.
La gente puede tratar de desenmascararlo, pero si este persiste en no revelar su cara, entonces no hay nadie ahí. Es un vació.
“No te conozco” pueden decirle las otras personas, y con cierta razón.
Personas sin cara.
Y una persona sin cara no tiene amigos, no tiene relaciones informales ni estrechas. Podemos decir que no tiene “humanidad”.
Peligro. Eso es lo que es para los demás.
Es una especie de fantasma, ya que el fantasma no tiene cuerpo, mientras que esta persona, aun con cuerpo no tiene realidad. Es –como el fantasma- una mera “aparición.”
No tiene sustancia, aun cuando tiene corporeidad.
El tercer nivel, es el que esta por debajo de la cara. Esta área energética es conocida como ANIMA.
El ánima es la vida psíquica y emotiva de la persona que bien puede estar integrada a la consciencia individual, o bien, puede estar cubierta por la oscuridad de la inconsciencia. El anima esta ahí, pero el individuo no la ve. La puede sentir, pero el sentimiento no le llega a la conciencia. El sentimiento le es inconsciente. Es la ceguera ante si mismo.Y en tanto permanezca en la oscuridad, esta parte del ser –el anima- sufre, ya que en su profundidad, esta parte es luz, pero es luz aprisionada, energía estancada. Como una flama humea, pero la falta de oxigeno, la lleva a saturar su entorno de humo, haciendo la luz tenue, y el AIRE PESADO. Esta parte del ser, de persistir en una oscuridad cada vez más grande y fuerte, puede tornar sofocante el aire de la persona. La gente puede intoxicarse con la congestión energética del ánima. Y, de ser así, es un ánima en pena. Entonces la persona necesita una LIMPIA, es decir, un procedimiento mediante el cual pueda sacar el aire humeante estancado, lo cual da más vitalidad a la LUZ INTERIOR. El remedio temporal de la limpia solo se convierte en permanente cuando esta luz vivificada del ánima llega a la consciencia y como tal pierde su oscuridad, su sombra, y como anima liberada retorna a su estadio luminoso natural de ALMA.

Esto nos lleva al cuarto estadio, el estadio del ALMA.
El alma es nuestra luz mas profunda, que cuando emerge a la conciencia nos da nuestro ROSTRO.
Este es un ser que ha juntado su corazón con su conciencia, lo que los antiguos Mexicanos llamaban “in ixtli in yoyotl” (rostro y corazón).
Este es un ser que ha ido de la mascara, a la cara, y de la cara al anima, y del anima al alma o rostro.
Esos son los cuatro pasos.
Mascara
Cara
Anima
Rostro
Y como tal, su conciencia ha ido del mundo de la objetividad y el cambio, al mundo de la espiritualidad y la esencia verdadera de aquello que viene, esta y retornara a la divinidad. La luz eterna, el Tonatiuh de nuestros antepasados que nos recuerdan que nosotros somos “el pueblo del sol.”
Y mientras mas esa flama del alma se acerca al sol interior que es el Espíritu de Dios –como nos enseño Santa Teresa de Ávila en su obra el Castillo interior, que para ella tiene siete mansiones, y en la séptima nos fundimos con el sol interior- tanto mas esa alma quema sus bajezas (el ego) dejando solo aquello que es consubstancial a la fuerza creadora de la cual viene toda alma: el Yo verdadero, o Quetzal. Este es el ascenso de nuestro ser interior, el mismo que nos ha sido legado en nuestro arquetipo cultural de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada.
De acuerdo a los antiguos Mexicanos, hay cuatro elementos claves para nuestro bienestar y para seguir un camino con corazón. El equilibrio de estos elementos nos trae el “bien estar” psicológico, en tanto su desequilibro nos causa “malestar.”

1.- LA TIERRA. -
TLAN en el idioma de los Antiguos Mexicanos (Nahuatl) quiere decir “Tierra o región.”
El primer elemento de la vida consiste en saber “de donde somos” y de “donde venimos.” En una palabra, nuestras raíces.
Aquí hay que recordar que nuestros antepasados Vivian en la región de Anahuac que llegaba desde MICHI-TLAN (la región de el pescado MICHI y que otras gentes le llamaron Michigan) hasta NIC-ANAHUAC, (donde la palabra Mexicana “nic” quiere decir “aquí termina”). Y efectivamente, ahí terminaba el Anahuac, el lugar que hoy conocemos como Nicaragua.
Cuando escarbamos estas tierras, nos encontramos una y otra vez con indicios de nuestros antepasados.
Por ello nosotros estamos en nuestra tierra. De aquí somos, desde el norte hasta el sur.

MEXI EL CAMINO DEL AGUILA.-
Unos de nuestros antepasados dejaron su región original, que se llamaba “lugar de las garzas”. Garza en Mexicano antiguo se dice AZT y ya sabemos como se dice “región” (TLAN). Su lugar de origen se llamaba pues AZTLAN y ellos se denominaban como AZTECAS.
Cuando migraron, dijeron que ahora se enfocarían no solo en ser de un lugar sino en seguir al “Gran Espíritu”, aquel que esta en el cielo, la tierra y todo lugar, “Tloque Nahuaque”, que quiere decir, “el de cerca y de junto.” El gran espíritu en su Idioma se decía MEXI. Y aquel que siguiera al Gran Espíritu se le llamaría MEXICA, que quiere decir “aquel que sigue a Dios.”
Este es el sueño Americano original. En seguir la voluntad de Dios.
MEXICA es todo aquel que sigue el llamado de su corazón y quien hace camino con este corazón. Y este llamado es una VOZ.
Vocación quiere decir precisamente LA VOZ INTERIOR.
Esta voz es la misma voz que habla en toda la creación. Los Antiguos Mexicanos le llamaban NAHUATL, que quiere decir “LA VOZ DE DIOS” y como nos dice el lema de la Universidad de México “por mi raza hablará el espíritu.”
Y como consta en el libro sagrado de nuestros antepasados, el “Toltecayotl”, el buen terapeuta es aquel que nos ayuda a escuchar y seguir la voz de nuestro corazón.

EDUCACION.-
La palabra “educación” quiere decir “sacar lo que vive en nuestro interior.” Es decir, descubrir nuestra voz interior y seguirla. Hacer realidad esta voz en nuestra vida, llegar a ser en el mundo lo que somos en nuestro interior.
Cuando seguimos nuestra voz interior, descubrimos para que SERVIMOS en este mundo. Y como dice el dicho:
Si no vives para servir, no sirves para vivir.
El maestro y los padres de familia son quienes nos ayudan a escuchar nuestra voz interior, nuestra vocación, a descubrir nuestros talentos y el servicio que podemos ofrecerle al mundo.
Los antiguos Mexicanos tenían un conocimiento profundo sobre la relación de los seres humanos para con la tierra, por ello la llamaban “nuestra madre.”
Cuando estamos en armonía con la tierra, decimos que tenemos madre. La condición del ser humano moderno, es la perdida de contacto con su madre tierra, el ser un tipo sin madre, o como decían nuestros antepasados, son un “des-madre.” Y esta es la batalla esencial de nuestros tiempos. Por un lado los terrestres, los protectores de la tierra. Y por el otro los “anti-terrestres”, aquellos que por inconsciencia o dureza de corazón destruyen a la madre tierra.

2.- EL AGUA.-
ATL es como los Antiguos Mexicanos llamaban al agua. La región del agua se dice ATL-TLAN.
Y en un sentido físico, todos venimos del agua. Los elementos básicos de la vida surgieron en el Mar, y todos nosotros antes de entrar al mundo del AIRE nos movemos en el mundo del agua en el vientre de nuestra madre. El agua es nuestra primera región. Todos venimos de “ATLAN” y en ese sentido todos somos ATLANTES.
El desarrollo temprano, el periodo en el que estamos en el agua tiene consecuencias por el resto de nuestra vida. Ahora sabemos que ya para el tercer mes después de la concepción, nuestro cerebro cuenta con 3 billones de células. Estas ya no se van a reproducir, y con ellas nos la vamos a tener de averiguar por el resto de nuestra vida.
Por ello, la atención adecuada durante los meses del embarazo es tan importante.
Los Mexicas (es decir, los Antiguos Mexicanos) tenían por costumbre usar una cinta negra sobre el vientre durante los primeros meses de el embarazo, cuando todavía no era aparente que la mujer estaba embarazada. La misma Virgen de Guadalupe lleva sobre el vientre... ¡una cinta negra! Que quiere decir precisamente que está embarazada. Y por ello, hasta el día de hoy solemos decir de una mujer que está embarazada “¡está ENCINTA!
Y este símbolo, la cinta negra, se usaba para hacer saber a los demás que ahí iba un bebecito, y que todos tenían que evitar el generar emociones negativas. Sabido es por todas las mujeres que han vivido el embarazo que durante este periodo crítico sus emociones son transformadas y que se tornan mucho mas susceptibles a el ambiente. Solo por este periodo hay DOS CORAZONES latiendo en un mismo cuerpo. Y tambien hay comunión de sentimientos. El bebé recibe la energía del ambiente y es capaz de reconocer sonidos y hasta canciones cuando sale al mundo exterior.
Pero nosotros no solo tenemos la facultad de vivir en el agua. Estamos formados por tres cuartas partes de líquidos. Exactamente como la tierra.
El camino del bien-estar consiste en buscar el famoso equilibrio de los elementos de la vida.
El equilibrio con ATL, el agua, consiste en sacarnos el agua que tenemos de más. Es decir, quitarnos el AHOGO. Y es que a veces estamos ahogados. Cada que nos guardamos los sentimientos, cada que reprimimos nuestro sufrimiento, lo que estamos haciendo es ACUMULAR AGUA EN NUESTRO INTERIOR.
Y hay una ley energética que nos dice:
DONDE HAY EXCESO DE AGUA NO ENTRA EL AIRE.
Y sin aire ¿Como puede haber inspiración?
Por ello, donde hay ahogo tenemos que buscar el DES-AHOGO.
Y esto es importante no solo para las mujeres, sino tambien para los hombres.
El des-ahogo es para TODOS. Es el medio natural para eliminar la tensión y algo de nuestro sufrimiento.
Después de una buena desahogada podemos respirar más a gusto.
Y es así que llegamos al tercer factor: El aire.

3. EL AIRE. –
Cuando salimos del agua sentimos que nos vamos a morir. Y es en ese momento, cuando sentimos que hemos llegado hasta el fin de nuestro camino que se nos abre una nueva puerta. El desahogo nos trae al mundo del aire.
Y así empieza nuestra vida en el mundo del aire. Con un acto de INSPIRACION.
La gente que respira con mayor profundidad y calma es la que tiene su sistema nervioso mas lleno de PAZ.
Es precisamente con el manejo del aire que llegamos a dominar la ciencia más importante para lidiar con los problemas de la vida. Me estoy refiriendo a la “ciencia de la paz” mejor conocida como PAZ-CIENCIA.
Basta observar como respiramos cuando estamos relajados y como respiramos cuando estamos tensos. ¡Cuanta Diferencia!
Para los Mexicas, el símbolo de los maestros de curación era precisamente ¡EL AIRE!
Y este aire se relacionaba con el oriente, que es precisamente el lugar de donde sale el sol.
Es en el Oriente, durante el amanecer -la interacción de el sol con la naturaleza- que encontramos el aire mas puro.
Y el empezar el día, respirando profundamente mirando al sol naciente, nos ayuda a tener una dosis extra de paz para enfrentar el resto del dia. No de balde dice el dicho:
El que madruga, Dios le ayuda.

El aire nos genera un espacio emocional y mental. Las tensiones aun cuando nos lleguen no nos van a saturar. Pero si no tenemos aire, reventamos con cualquier presión.
Nomás basta mirar a nuestro alrededor para diferenciar a aquellos que tienen “buen aire” y aquellos que no lo tienen.
¡Los que no lo tienen de todo respingan!
Pero los que si lo tienen se caracterizan por su entusiasmo y por su buena disposición.
En el mundo, tarde o temprano todos tenemos problemas. Lo que nos diferencia es la manera en que los enfrentamos.
Quien no tiene buen aire empeora su problema.
Quien tiene buen aire busca mejorarlo.

EL AIRE Y LA SANGRE. –
Nuestros antiguos CURANDEROS nos han dicho que el aire afecta la constitución de nuestra SANGRE.
De acuerdo al modelo del curanderismo, aquellos que purifican su cuerpo y su conciencia, los que cultivan la PAZ-CIENCIA tienen buen aire en la sangre, a la que llaman SANGRE LIVIANA.
Cuando la gente pierde el buen aire, pierde vida y se queda SIN AIRE. Sufre pues de un DES-AIRE.
Ya no tiene ÁNIMO, porque el ánimo quiere decir vida y movimiento. Y la falta de aire les pone la SANGRE PESADA.
Si el desánimo persiste por un tiempo prolongado la sangre se pone peor, lo que es conocido como MALA SANGRE.
Y el persistir con mala sangre lleva a la gente a contaminar a otros de su NEGATIVIDAD ENERGETICA por lo que se les llama... ¡SANGRONES!
Nosotros bien sentimos cuando estamos en la presencia de personas de éstas características. Nomás hay que escuchar a nuestra voz interior. Es esta voz la que nos dice que tipo de energía transmite la gente que encontramos en nuestro camino.
Todos estamos llamados por la vida a ser seres de sangre liviana. Mientras hay vida, hay esperanza: aun el peor sangron, de proponérselo y trabajar en si mismo, puede llegar a general sangre liviana. Esta es la psicología de la esperanza de nuestros antepasados.

4. EL FUEGO. –
El fuego es el cuarto elemento.
El fuego es la ENERGIA de la vida.
El SOL es nuestra fuente principal de energía y no es por casualidad que tenemos el termino PLEXO SOLAR. Ahí, en el plexo SOLAR se concentra nuestra energía.
Nuestra energía se convierte en un sol de vida cuando hacemos cosas DE TODO CORAZON.
Y nuestra energía se pierde cuando hacemos cosas sin corazón.
Pero cuando hacemos cosas de corazón somos cada vez MÁS.
Y esa es la diferencia fundamental en las personas. Los que están viviendo y los que están muriendo.
Lo que hacemos de todo corazón hace crecer nuestra energía porque nos pone en armonía con la energía universal, que es la energía que hace crecer a toda la vida a nuestro alrededor. Esta armonía entre nosotros y la energía universal fue llamada por los antiguos Mexicanos EL VUELO DEL AGUILA. Y es que así podemos ser. Como el águila que conoce bien el aire y vuela sin esfuerzo en él.
Pero para volar hay que extender nuestras alas.
Que afortunados somos cuando estamos con personas que NOS DAN ALAS.
Y esa es la labor principal de los padres y los maestros. El dar alas a sus niños.
Y es que nuestros niños YA VIENEN CON ALAS y nuestro primer deber es NO CORTARZELAS. ¡Hay que ayudarlos a volar!
Nuestro fuego interior es la energía que nos permite volar.
Si estamos en paz con nosotros mismos, entonces vamos a compartir nuestra luz interior con nuestros niños. Vamos a darles nuestro buen aire, nuestra sangre liviana, nuestro brillo. Pero si no los estamos, entonces les vamos a dar nuestro mal aire, nuestra mala sangre, nuestra oscuridad: DAMOS LO QUE SOMOS.
Por tu BIEN-ESTAR, y por el bien-estar de los que te rodean, espero que cultives el equilibrio de los cuatro elementos de la vida, que saques tus alas, que emprendas el vuelo del águila, y que te conviertas en un verdadero sol para este mundo.